Javier Donoso fundó GEOMAR en 1993, mientras estudiaba Ingeniería en la Universidad Católica de Chile, con una primera planta de mariscos en conserva en el sur del país. Desde el inicio trabajó junto a comunidades de pescadores artesanales, asegurando un acceso sostenible a la materia prima. Hoy exporta más de 15 productos gourmet a más de 20 países y es un referente mundial en mariscos en conserva sostenibles, empleando a 150 personas y generando trabajo para más de 400 pescadores.

Por años, Chile ha sido reconocido como un país rico en recursos naturales. Nuestra historia exportadora se ha construido, en gran medida, sobre la base de materias primas: el cobre, la celulosa, los productos del mar. Ese modelo ha sido exitoso en muchos aspectos, pero hoy muestra señales claras de agotamiento frente a un mundo que exige algo más: valor, diferenciación y responsabilidad.

En mi caso, la decisión de emprender con un foco en sustentabilidad no fue una estrategia de mercado, sino una convicción personal. Crecí con una fuerte conexión con la naturaleza, marcada por la vida al aire libre y el deporte. Cuando llegó el momento de fundar GEOMAR, ese vínculo se transformó en un propósito: construir una empresa que no solo generara valor económico, sino que también respetara y protegiera el entorno del cual depende.

De ventaja competitiva a condición mínima

A comienzos de los años 90, hablar de sustentabilidad en el mundo empresarial chileno era un tema incipiente. Sin embargo, en mercados como Estados Unidos y Europa, ya estaba instalada con fuerza la idea de que las empresas debían hacerse cargo de su impacto ambiental. Aquellas compañías que entendieron esta tendencia a tiempo lograron diferenciarse y capturar valor. Hoy, en cambio, la realidad es distinta: la sustentabilidad dejó de ser una ventaja competitiva para transformarse en una condición mínima de existencia. Las empresas que no la integren de manera real simplemente no tendrán espacio en el largo plazo.

"La sustentabiidad dejó de ser una ventaja competitiva para transformarse en una condición mínima de existencia. Las empresas que no la integren de manera real simplemente no tendrán espacio en el largo plazo"

Javier Donoso

Uno de los aprendizajes más relevantes en este camino ha sido el valor de construir relaciones genuinas con las comunidades locales. Desde sus inicios, GEOMAR ha trabajado estrechamente con pescadores artesanales, una colaboración que no solo ha fortalecido la calidad de nuestros productos, sino también la coherencia de nuestro modelo de negocio. Elegir trabajar con quienes comparten una visión de cuidado de los recursos, aunque eso implique crecer más lento, ha sido clave para construir una propuesta sostenible en el tiempo.

La experiencia internacional también es clara: los consumidores en mercados desarrollados valoran cada vez más los atributos asociados a la sustentabilidad y al valor agregado. Esto nos llevó tempranamente a enfocar nuestra estrategia fuera de Chile, invirtiendo años en posicionar nuestras marcas en mercados exigentes. Si bien el mercado local sigue siendo pequeño en comparación, es evidente que el consumidor chileno está evolucionando y que la demanda por productos más sofisticados y responsables seguirá creciendo.

El Biobío y el desafío de sentarse a la mesa

Regiones como el Biobío tienen un rol fundamental en este proceso. Su base industrial, forestal y pesquera ofrece una oportunidad única para liderar una transformación hacia modelos productivos que combinen rentabilidad y sustentabilidad. Ese potencial, sin embargo, todavía no se traduce en vínculos reales con las grandes compañías: según el estudio «Emprendimientos que mueven industrias» de Endeavor, un 58% de los emprendedores del Biobío no ha logrado establecer siquiera un proyecto piloto pagado con una gran empresa. Para avanzar en esa dirección, es necesario enfrentar ciertos desafíos. La regulación debe encontrar un equilibrio: evitar una permisología que frene la inversión y, al mismo tiempo, establecer reglas claras y exigentes que aseguren prácticas responsables. Tan importante como legislar es fiscalizar, porque la competencia desleal de quienes solo «declaran» ser sustentables termina desincentivando a quienes sí hacen el esfuerzo real.

Para los emprendedores, el mensaje es claro: la sustentabilidad no es un costo, es una oportunidad. Hoy la mayoría parte sola, según el mismo estudio de Endeavor, un 75% de los emprendimientos de la región se financió en sus inicios con recursos propios o fondos concursables, y precisamente por eso vincularse con grandes empresas que están transformando sus cadenas de valor puede ser, en una primera etapa, el camino para dar el salto. Luego, con aprendizaje y validación, se abre la puerta a la internacionalización, donde el valor agregado se convierte en un factor decisivo.

El salto: de materias primas a valor agregado

Mirando hacia adelante, es difícil imaginar un escenario en que la sustentabilidad vuelva a ser opcional. En los próximos años, será simplemente la base sobre la cual se construyan los negocios exitosos.

Chile tiene hoy la oportunidad de dar un salto: pasar de ser un exportador de materias primas a un referente en productos con valor agregado y compromiso ambiental. No se trata de abandonar nuestras riquezas naturales, sino de aprovecharlas mejor, incorporando conocimiento, innovación y propósito.

Esa es, probablemente, la clave para una nueva fase exportadora: una que no solo nos permita crecer, sino también dar el paso definitivo hacia el desarrollo.