Trinidad Carmona es Co-CEO de Drillco. Especializada en soluciones de la mina a la planta, automatización y economía circular, con experiencia en operaciones alrededor del mundo, trabaja en integrar tecnología para mejorar la eficiencia operativa, la seguridad y la sostenibilidad en la industria minera.

Hace un tiempo me tocó participar en la feria AUSTMINE en Australia, la principal asociación dedicada a los proveedores de la minería o METS, por sus siglas en inglés (Mining Equipment, Technology and Services). La verdad es que iba con poca expectativa: era una feria chica, dedicada a proveedores, en una ciudad no-minera. ¿Qué probabilidades habían de toparme realmente con tomadores de decisiones? ¿O de sacar leads potentes? ¿Sería una feria realmente interesante, o una de las muchas instancias de networking que terminan en nada? Para mi sorpresa, al poco tiempo logré cerrar un cliente con el que facturamos medio millón de dólares el primer año, al que había conocido en esta feria. Para los que van seguido a estas ferias, sabrán que eso no es muy frecuente. Entonces me puse a pensar: ¿Cómo pasó esto? ¿Qué tiene Australia que permite que esto pase? Y más importante: ¿Cómo podemos lograr en Chile replicar este ecosistema? Económicamente, Chile y Australia tienen similitudes evidentes: Fuerte dependencia en las exportaciones de vino, pesca, agricultura y minerales. Poblaciones similares en tamaño y distribución. Fuerte centralización en pocas ciudades desarrolladas. Desafíos logísticos por sus ubicaciones lejanas a los mercados de destino. Suma y sigue. Y si nos enfocamos en minería, las similitudes son más evidentes: ambas potencias mineras mundiales con los mayores yacimientos del mundo, tanto en minería a cielo abierto como subterránea. En Chile, la minería pesa el 14% del PIB. En Australia, el 12%. Y del total de exportaciones de cada país, en Chile la minería pesa el 55%. En Australia, el 60%. Dependencia y aporte económico y fiscal en ambos casos. Estas similitudes implican que tanto Chile como Australia han debido enfrentar desafíos tales como los costos de producción, la logística,
risk-management, vinculamiento con comunidades, entre otros. Pero Australia logró algo extraordinario: una segunda economía minera, que exporta incluso más que los propios minerales, y que actúa como colchón en los momentos de baja de los ciclos de los minerales. Se trata de la economía METS (Mining Equipment, Technology and Services).

"Pero Australia logró algo extraordinario: una segunda economía minera, que exporta incluso más que los propios minerales, y que actúa como colchón en los momentos de baja de los ciclos de los minerales."

Trinidad Carmona

¿Qué hizo Australia distinto?
Cuando Australia vivió su primer súper ciclo de minerales (períodos de aproximadamente una década, marcados por un fuerte aumento del precio de los commodities, como consecuencia de un cambio estructural del mercado, como lo fue la industrialización en China o la revolución tecnológica), también vivió la resaca posterior: una vez que el súper ciclo termina, se acaba la fiesta. Los precios de los minerales vuelven a bajar. La inversión cae fuertemente. Empiezan los recortes de presupuesto y personal. Se pierde un % relevante del PIB y de las exportaciones (mismo volumen, menor precio de venta). ¿Cómo una economía tan dependiente de la minería podía hacer frente a este «bajón”, que no dependía de ellos, sino del precio internacional al que se transan los minerales en cada momento del tiempo?

La respuesta de Australia fue industrializar el conocimiento. Si durante la época de vacas gordas se genera conocimiento, innovación y crecimiento, ¿cómo aprovechar ese capital para amortiguar el impacto en época de vacas flacas? Nace una nueva industria. En los 90’s, Australia empezó a intencionar el desarrollo de un ecosistema de proveedores locales, que pudiesen resolver problemas operacionales complejos: automatización, productividad, seguridad, mantenimiento predictivo, software geológico, perforación avanzada y optimización energética. La tesis fue tan simple y elegante, que funcionó: Si Australia tenía algunas de las minas más complejas del mundo, tenía también la oportunidad de tener el laboratorio de desarrollo más avanzado. El gobierno se puso las pilas: Se asoció con las principales mineras (como Rio Tinto y BHP) y empezaron a colaborar con universidades, proveedores locales y startups tecnológicas, con un foco claro en resolver las problemáticas más críticas. El gobierno aportó recursos con programas de innovación aplicada,incentivos tributarios, cambios en la legislación, y centros de investigación cooperativa. Es decir, alineó los incentivos de las grandes mineras con los de las start-ups.

Un ejemplo muy simple es la biblioteca de geología de New South Wales, la Londonderry Drillcore Library. Aquí se almacenan los testigos de todas las exploraciones mineras del país. Legalmente, cualquier junior, minera o explorador que realice un sondaje en territorio Australiano, debe entregar una muestra representativa de la campaña de sondaje a esta biblioteca. Ahí es almacenada, y sus datos cargados en un software de libre acceso. Cualquier startup que quiera desarrollar automatización para targets de exploración, tiene una base de datos completa, parametrizada y de calidad, disponible para entrenar sus algoritmos. Un sueño hecho realidad para las start-ups mineras. Y algo que en Chile ni siquiera soñamos aún. Ejemplos como este explican que las startups más importantes del mundo en automatización minera, software, robótica y sensorización, hayan nacido en Australia.

Hoydía, estas startups se han multiplicado, formando una segunda economía minera: una que es resiliente a los precios de los minerales y que permite dar empleo, desarrollar tecnología e inversión, a un universo que antes estuvo alejado de la roca. Los deals y levantamiento de capital se multiplicaron, atrayendo inversión al país, generando M&A’s y adquisiciones, que a su vez aumentaron los recursos disponibles para seguir invirtiendo en tecnología para la minería. Un círculo virtuoso que no deja de crecer, independiente del precio del oro o del hierro (los dos principales minerales de Australia).

Suena lindo. ¿Pero funcionó realmente?
Hoy, el sector METS en Australia se transformó en una industria propia, paralela a la minería de extracción, generando más de AUD 90.000 millones al año. Poniéndolo en contexto, es como que en Chile se generara un nuevo Cencosud, Falabella, LATAM Airlines y CMPC, todo junto. Imagínate el impacto en empleo. En tecnología. En aporte al PIB. En retorno a los inversionistas. Esa es la magnitud de la oportunidad que Australia construyó alrededor de la minería. La gran gracia es que Australia logró, en términos prácticos, exportar minería sin necesidad de extraer minerales adicionales.

¿Y cuando las mineras salieron de Australia? La oportunidad de oro (literal)
Existe otro elemento que no he comentado hasta ahora, pero que fue clave: ¿Qué pasó cuando Rio Tinto y BHP se internacionalizaron? Se llevaron a los proveedores METS Australianos con ellos. Un proceso de internacionalización eficiente y exitoso. Cualquiera que haya estado involucrado con una startup, de la industria que sea, conoce de primera fuente lo difícil, costoso y riesgoso que es un proceso de internacionalización. ¿Pero si tu cliente actual te lleva consigo a otro destino? Aterrizar con cliente y facturación dentro? Música para nuestros oídos y riesgo 0. Eso fue exactamente lo que hizo Australia, y que explica en parte por qué mucha de la tecnología minera usada hoy en todo el mundo (el “gold standard” de la industria) es “Aussie Made”.

¿Podemos aprender algo de esta historia?
En Chile, menos del 2% de las exportaciones del país corresponden a proveedores mineros. Muy por debajo de Australia. Pero no nos quedamos atrás en talento ni experiencia operacional. Sin ir más lejos, en Chile tenemos las mayores faenas subterráneas (con El Teniente liderando), y a cielo abierto (con Escondida, Chuquicamata y Collahuasi constantemente liderando los rankings internacionales). Entonces, tenemos las faenas, la tecnología, el conocimiento… ¿qué nos falta?

El gran cuello de botella: el espacio de prueba
Uno de los mayores desafíos para cualquier empresa METS es lograr validar su tecnología en condiciones reales de operación. Y esa es la clave para cerrar clientes. Si tu tecnología sólo ha sido probado en un laboratorio, es probable que, al ponerla a operar en altura, con condiciones operacionales extremas y la exigencia de la productividad, pueda fallar. Y si falla, no hay cliente que la compre. La minería es, ante todo, una industria de gestión del riesgo. La gracia está en asegurar la continuidad operacional y minimizar las fallas. Desde ahí surgen los grades ejecutivos de las compañías mineras que vemos en las portadas de los diarios. Pero si detienes una operación, las pérdidas son millonarias. Los incentivos a probar una nueva tecnología, que posiblemente puede fallar en terreno y pararte la operación, son cero. ¿Y cómo se ha logrado bypasear este desafío?

Una nueva vida a la tercera edad minera
Una de las principales formas de superar esta dificultad, ha sido el “repurposing” de minas que ya no son económicamente viables de operar (minas que están “viejitas”, donde los costos de operarlas superan a los beneficios económicos, donde la disminución de las leyes minerales o la mayor profundidad de los
yacimientos las ha hecho inviables económicamente), para transformarlas en verdaderos laboratorios vivos.
Y me tocó vivirlo en primera persona. Visité una mina subterránea donde operaban camiones autónomos, drones, operadores robotizados, y un sinfín de nuevas tecnologías al mismo tiempo. Si no andabas con cuidado, te pasaba un robot por al lado avanzando a toda velocidad, llevando carga, ejecutando laborespeligrosas, o advirtiendo de posibles riesgos en la operación. Cada una de estas tecnologías, operando en un espacio real, con los riesgos y desafíos de una minera en operación. Las startups pueden “arrendar” espacio real de prueba, y las mineras pagan por ver en primera persona las nuevas tecnologías funcionando en terreno.
El beneficio es tangible: ¿Si tu tecnología funciona? Tienes una prueba real de aplicabilidad práctica, lo cual facilita enormemente la entrada comercial a una minera. ¿Y si tu tecnología falla? El riesgo y costo es mínimo, ya que falló en un espacio de operación real pero controlado. En Chile, disponibilizar espacios de prueba en condiciones de operación real pero con riesgo controlado probablemente constituye el mayor habilitador para desarrollar una industria METS robusta. Algunos esfuerzos se han hecho en estas líneas, aunque aún tímidos para la escala de la industria local.

La economía paralela
El mayor éxito del modelo australiano aparece cuando cae el precio de los minerales. Y hoy nos encontramos a mitad de camino de un super ciclo de minerales impulsado por la revolución de las energías renovables. Eso implica que nos quedan, aproximadamente, 5 años de super ciclo. ¿Qué va a pasar con la industria minera chilena después? La transición energética seguirá demandando cobre y minerales críticos, a precios inciertos aún. Pero el verdadero salto de desarrollo vendrá de capturar el conocimiento que esa producción genera. El desafío no es dejar de ser un país minero. El desafío es, cómo hizo Australia, convertirse en un país que exporta minería sin necesidad de extraerla.