Gert Findel es Co-Founder de Acid Labs, empresa chilena de desarrollo de software y productos digitales, y parte de la comunidad Endeavor desde 2022. Con más de 15 años construyendo compañías, productos y equipos de alto desempeño, también conduce el podcast Work Hard, Work Smart. 

En Matrix hay una escena en que Cypher cena un filete con el Agente Smith. Sabe que el filete no es real y que todo es una simulación, y aun así dice que no le importa, que quiere que lo reconecten. Eso es lo que creo que está pasando con la IA.

La IA no nos obliga a nada. Somos nosotros quienes le damos permiso. Primero para buscar información, después para escribir, para planificar, ahora para comprar en nuestro nombre y pronto para aconsejarnos. Yo lo llamo la transferencia de permiso, y creo que no es un avance tecnológico sino un cambio psicológico: las personas, una por una, deciden que ya no necesitan a un humano para algo que antes solo un humano podía hacer. Cada vez que ese permiso se entrega en un área nueva, desaparece un pedazo del territorio emprendedor.

 

 

Antes habría dicho que la confianza en un psicólogo era intransferible. Hoy no estoy tan seguro. Hay gente que usa ChatGPT como terapeuta, y lo prefiere porque no juzga, porque está disponible a las 3 am, porque es más cómodo. Y si ya entregamos el permiso para algo tan delicado como la salud mental, cuesta saber qué queda fuera.

WIRED publicó un artículo sobre cómo los agentes de IA van a poner en jaque el negocio de las apps, y creo que tienen razón. Uber, DoorDash y Amazon pelean por no perder el control de tu atención, porque sin ella no hay anuncios, ni upselling, ni lealtad artificial. Pero eso es la superficie. Lo que de verdad ocurre es una concentración extrema de poder. Hacer una startup de IA no está al alcance de cualquiera: es un juego de billetera, y OpenAI, Google y Anthropic juegan con una cantidad de plata absurda. Mientras tanto, la IA se va comiendo startups completas, como planificadores de viajes y herramientas de código, productos que hace dos años parecían negocios sólidos. No desaparecen por ser malos, sino porque lo que hacían se volvió una función gratuita de algo más grande.

Como emprendedor, eso me obliga a una pregunta incómoda: ¿en qué territorio puedo jugar donde la billetera no decida? Mi respuesta se ordena en tres capas.

La primera es lo automatizable. Si tu negocio vive de procesar información, generar contenido, organizar datos o automatizar tareas, estás aquí, y aquí no se compite. Los grandes ganan por infraestructura, datos y billetera, y da lo mismo cuán bueno sea tu equipo. Es pelear contra un tanque con una honda.

La segunda es lo adquirible: nichos con barreras de salida donde es más barato comprarte que copiarte. Todavía hay juego, pero la ventana se achica, porque la IA replica cada vez más rápido. Lo que hoy toma seis meses construir, en un año se replica en semanas. La jugada es construir algo tan pegajoso que te tengan que adquirir antes de que la ventana se cierre, en una carrera contra un reloj que se acelera.

La tercera es lo que requiere fe humana: la venta consultiva, la confianza en el experto, las decisiones de alto riesgo donde necesitas a alguien con piel en el juego que te diga “haz esto”. Aquí la IA todavía no entra, y no porque no pueda dar el mismo consejo, sino porque la gente no le ha dado el permiso. Confiar en una máquina para una decisión que puede quebrar tu empresa exige un salto de fe que la mayoría aún no está dispuesta a dar.

Los founders están siendo empujados de la primera capa a la segunda, y de la segunda a la tercera. Es una migración forzada hacia lo más humano. Yo la viví: hace unos años podías construir una herramienta de productividad, levantar capital y competir. Hoy eso es una función de ChatGPT, igual que la planificación de viajes, la escritura asistida o el análisis de datos. Lo que antes era un negocio hoy es un botón dentro de una plataforma más grande.

"Si ya entregamos el permiso para algo tan delicado como la salud mental, cuesta saber qué queda fuera."

Gert - Co-Founder & CEO de Acid Labs

Y aquí viene lo contraintuitivo, lo que me tomó un rato procesar. En emprendimiento nos repiten que hay que eliminar la fricción: menos pasos, más fácil, más rápido. Es casi un dogma, y para productos tiene razón. Pero lo que queda en la tercera capa es justamente fricción. El mentor que te dice lo que no quieres escuchar, el vendedor que te dice “esto no es para ti”, el consultor que te confronta con datos incómodos, el coach que te hace la pregunta que te arruina el día. Nada de eso es cómodo ni eficiente, y es exactamente lo que funciona, porque la fricción es donde pasa el crecimiento real. Nadie creció escuchando solo lo que quería oír, ni escaló una empresa evitando las conversaciones difíciles.

Por eso creo que, mientras más fricción elimine la IA, más valiosa se vuelve la que queda. Al quitar toda la fricción fácil, está creando un mercado para la fricción difícil.

Ahí aparecen la pastilla azul y la roja. Con la azul transfieres todo el permiso a la IA: es cómodo, todo fluye, le pides que te aconseje y te diga lo que quieres escuchar. Con la roja eliges la fricción humana: es incómoda, lenta y confrontacional, pero es donde se toman las decisiones difíciles con alguien que se la juega contigo. La mayoría va a elegir la azul, como Cypher, sabiendo que es una simulación, porque es más cómoda. Quienes elijan la roja tendrán una ventaja brutal, no por ser más inteligentes, sino por estar dispuestos a incomodarse.

Eso sí, también es un espacio incómodo para el emprendedor. No escala como un SaaS, no se financia con venture capital, no luce en un pitch deck ni promete una valuación de mil millones. Es el espacio de la venta consultiva, del expertise real, de la confianza que toma años construir y que no se hackea con growth loops. Y es el único territorio donde un humano todavía le gana a una máquina.

Mi lectura es que la IA se va a comer a las apps y los grandes se van a comer lo automatizable. Perplexity y OpenAI serán de los últimos capaces de desafiar a los gigantes, y después casi nadie llegará a ser grande: los demás serán adquiridos o devorados. Salvo quienes entiendan que su ventaja no está en competir con la máquina, sino en ser lo que ella no puede ser: incómodos, confrontacionales, humanos de verdad.

¿Estás dispuesto a ocupar ese espacio? Puede que me equivoque, pero si eres emprendedor hoy, esta es una conversación que hay que tener.