Gustavo Dibán es ingeniero civil en computación de la Universidad de Concepción y cofundador de Genesys, empresa de tecnología nacida en 1991 con la visión de construir la compañía de TI más importante e innovadora del sur de Chile. Bajo su liderazgo, Genesys evolucionó del desarrollo de software a medida hacia soluciones de integración tecnológica, con productos propios en áreas como sistemas de información geográfica y control de logística y distribución.

Durante años, la inteligencia artificial se entendía como una tecnología del futuro. Esa conversación quedó atrás. Hoy la IA ya está ocurriendo, y también en el Biobío. No es una promesa ni una tendencia lejana, es una herramienta concreta que mejora procesos, acelera decisiones y aumenta la productividad en distintos sectores. Los números lo confirman: según cifras recogidas en el reporte «Agentic AI en el ecosistema emprendedor chileno», elaborado por Endeavor junto a Oracle y Acid Labs, cerca del 88% de las empresas ya incorporó inteligencia artificial en alguna parte de su operación. La pregunta, entonces, dejó de ser si la vamos a usar.
Desde nuestra experiencia en transformación digital lo vemos todos los días. Internamente usamos IA para optimizar el desarrollo de software, automatizar pruebas y mejorar la calidad de las entregas, lo que se traduce en ciclos más rápidos y menos errores. Pero el impacto va mucho más allá de la industria tecnológica. En empresas industriales de la región, la IA ya se aplica en el control de carga de camiones mediante visión computacional, en la gestión automatizada de inventarios o en mesas de ayuda inteligentes que clasifican incidentes y los resuelven más rápido. El resultado es claro: menos tareas manuales, mayor eficiencia y tiempos de respuesta bastante más bajos.
Uno de los grandes temores asociados a esta tecnología es su impacto en el empleo, pero lo que estamos viendo en el Biobío no es una eliminación masiva de puestos de trabajo, sino una transformación de roles. La IA automatiza tareas repetitivas y, al mismo tiempo, genera nuevas funciones ligadas al análisis de datos, la gestión de herramientas digitales y la supervisión de procesos automatizados. Dicho de otra forma, no está reemplazando el trabajo humano, está cambiando la manera en que trabajamos.
"Cerca del 88% de las empresas ya incorporó inteligencia artificial en alguna parte de su operación"
Reporte "Agentic AI en el ecosistema emprendedor chileno"
Una oportunidad alineada con la matriz productiva del Biobío
La región tiene una ventaja estructural que pocas veces se destaca lo suficiente: su base industrial. Sectores como la logística portuaria, el forestal, la manufactura y la salud ofrecen oportunidades concretas para aplicar inteligencia artificial con impacto real. En logística, la IA puede optimizar flujos de carga, anticipar cuellos de botella y mejorar la gestión de contenedores en puertos como Coronel, Lirquén o San Vicente. En el sector forestal permite monitorear bosques con drones y satélites, detectar incendios de forma temprana y optimizar las rutas de transporte. En manufactura, el mantenimiento predictivo basado en datos anticipa fallas y evita detenciones costosas. Y en salud hay un enorme potencial en el análisis de imágenes médicas y datos clínicos, sobre todo considerando el nivel académico de universidades como la Universidad de Concepción. El cambio de fondo es ese: pasar de una gestión reactiva a una gestión predictiva basada en datos.
El problema no es la tecnología

A pesar de estas oportunidades, la adopción de IA en la región todavía es limitada, y acá está el punto que quiero instalar: el problema no es tecnológico. El mismo reporte de Endeavor lo deja en evidencia. Aunque la gran mayoría de las empresas ya usa inteligencia artificial, solo cerca del 20% logra capturar su verdadero valor y traducir esa adopción en resultados concretos para el negocio. La conclusión del estudio es contundente: el principal desafío para adoptar inteligencia artificial no es tecnológico, sino organizacional.
Eso calza con lo que se ve en el Biobío. Las principales barreras están en la falta de talento híbrido que combine tecnología e industria, en la baja calidad o dispersión de los datos, en la resistencia cultural al cambio y en los costos iniciales de implementación. Muchas empresas tienen datos, pero no saben cómo usarlos, o confían más en una planilla que en un modelo analítico. Por eso el desafío es tan organizacional como tecnológico.

Si hay algo claro, es que ninguna empresa va a resolver esto sola. El avance de la inteligencia artificial en la región depende de la capacidad de articular a universidades, empresas tecnológicas, industria y sector público. Las universidades deben formar talento y generar investigación aplicada; las empresas, abrir sus procesos y sus problemas reales; y el sector público, reducir el riesgo a través del financiamiento. Cuando esos actores trabajan de forma coordinada, la innovación deja de ser un experimento aislado y empieza a escalar.
El mayor riesgo no es la inteligencia artificial, es quedarse atrás. Mientras otras regiones avanzan en automatización, análisis de datos y digitalización, no adoptar estas tecnologías significa perder competitividad. Pero también hay riesgos en la forma de implementarla: el uso de los datos, la privacidad, los sesgos de los algoritmos y la reconversión laboral son temas que hay que abordar con responsabilidad. La IA no es solo una herramienta tecnológica, es también un desafío ético y organizacional.
Si el Biobío quiere aprovechar esta oportunidad en el corto plazo, hay tres tareas urgentes. La primera es capacitar de forma masiva en IA y datos, porque sin talento no hay adopción. La segunda, facilitar financiamiento para pilotos tecnológicos, especialmente en las pymes y la industria. Y la tercera, crear espacios reales de colaboración entre universidades, empresas y startups.
La inteligencia artificial no es una promesa, es una ventaja competitiva en desarrollo, y el Biobío tiene todos los elementos para aprovecharla: industria, talento, universidades y casos de uso reales. La pregunta ya no es si la IA llegará a la región. La pregunta es si vamos a liderar su adopción o a reaccionar cuando ya sea tarde.